El viaje de Chihiro: Análisis desde una perspectiva junguiana.

El viaje de Chihiro: Análisis desde una perspectiva junguiana.


Por Lic. Nadia Vitale.

Como sabemos, por definición lo simbólico tiene infinitos significados. Y el viaje de Chihiro es una película con una gran riqueza simbólica. Por lo tanto es importante aclarar antes de comenzar, que lo que aquí se pretende es iluminar una de las interpretaciones posibles. Inclusive, esta misma no tiene porque coincidir necesariamente con lo que quiso trasmitir el autor y tampoco lo pretende. Aclarado esto, comencemos ahora sí con nuestro análisis.
Chihiro es una niña caprichosa, consentida y testaruda de diez años de edad que encara un momento de cambio en su vida junto a sus padres -Akio y Yugo-. Al iniciar la película, la familia se encuentra camino a la nueva casa a la que se mudará. A Chihiro no parece agradarle la idea y tampoco hace mucho por ocultarlo. Un detalle a tener en cuenta es que la película comienza desde la perspectiva de Chihiro observando las flores que le regalaron de despedida. Dejar atrás a sus amigos y al lugar en el que creció para enfrentarse a uno nuevo no es fácil para una niña de diez años. Es por ello que este cambio será muy significativo en su vida.



El padre decide tomar lo que supone es un atajo. Al comenzar el camino de tierra, a un costado apoyado sobre un árbol, aparece una Puerta Torii como anticipando lo que vendrá. Un Torii es un arco tradicional japonés que suele encontrarse en la entrada de los santuarios Shinto marcando las fronteras entre el espacio profano y el sagrado. El camino finaliza en la entrada de un enorme túnel que los padres deciden atravesar. Al igual que se resiste a la mudanza también aquí se siente reticente a ingresar. Pero al acceder no sin fastidio, nos encontramos con una Chihiro temerosa y frágil aferrada con fuerza a su madre. Este cruce será un antes y un después para la niña. Un cruce hacia una aventura, hacia un mundo que por ahora solo intuye.
El arquetipo del cruce nos muestra la transición entre dos etapas de vida. Transición ésta entre una situación presente y el comienzo de una nueva. Puede también considerarse un ritual de iniciación a una circunstancia de vida novedosa para el sujeto. Si bien este arquetipo comúnmente aparece simbolizado por un cruce de aguas o una encrucijada de caminos, aquí surge simbolizado por un túnel que separa dos realidades, dos mundos diferentes.
Al salir del túnel se encuentran con lo que aparentemente era, según el padre, un parque temático aún un tanto desierto. Akio huele comida y se dirigen todos a su búsqueda. Al encontrarla, a pesar de no haber nadie que los atienda, se lanzan sobre ella. Se ponen a tomar y tragar cuanto hay en la mesa para saciar sus apetitos voraces cual cerdos. Pero Chihiro es más intuitiva y se rehúsa a comer. “Se van a enfadar con nosotros” (Miyazaki, 2001), dice un tanto alterada a sus padres. Y es quizá este primer acto el que comienza a distanciar a nuestra pequeña heroína de su mundo conocido, de sus padres. A partir de aquí la niña comenzará su viaje, su travesía por este mundo de espíritus y dioses. Un sitio misterioso lleno de magia y de criaturas fantásticas donde cualquier cosa podría ocurrir.
El viaje del héroe es un viaje de transformación para un sujeto que busca descubrir y afianzar su personalidad. El mito del héroe tiene significado psicológico en cuanto su función es que el Ego tome nota de sus fortalezas y debilidades. “Es decir, la imagen del héroe evoluciona de una manera que refleja cada etapa de la evolución de la personalidad humana” (Henderson, 1984, p. 110). La alegoría del viaje sirve para representar la transformación del Ego. Este viaje consta de una estructura o mitologema que se repite y tiene ciertas etapas: La separación -que nuestra heroína ya ha comenzado- etapa en donde se empieza a salir de lo cómodo y de las variables conocidas, la iniciación y el retorno modificado.
Como dijimos Chihiro se aleja de sus padres y comienza a recorrer el lugar. Con el primer personaje de este mundo con el que se encuentra es Haku quien le dice que no pueden estar allí, que deben marcharse. Pero ella deberá enfrentarse con una poderosa bruja que ha transformado a sus padres en cerdos. Haku es un joven que ha olvidado su nombre. Un misterioso joven con el que ella contará en este cometido y que la ayudara a encontrar su camino. La aparición de figuras tutelares o guardianes -como los llama Henderson- son un elemento fundamental y van a tener la función de ayudar al héroe a realizar su hazaña. Estos personajes son los llamados auxiliares de individuación que muestran aquello que el héroe debe interiorizar. Pero no solo se cruzará Haku en su camino. También aparecerán otras personas que la ayudarán a conocerse a ella misma y a descubrir el valor de la amistad y el amor.



Haku le comenta que debe comer algo de este mundo. Chihiro tiene que integrar parte de esta nueva realidad o desaparecerá. Y con esa ingestión la niña lo está incorporando y dándole entidad. Es que en definitiva, para que algo a lo que no le estamos dando lugar conscientemente en nosotros pueda tenerlo, se nos hace necesario integrarlo a través de un proceso de elaboración.
También le advierte que tiene que conseguir un trabajo o de lo contrario será convertida en cerdo por la bruja Yubaba. Y, como reflejo de la sociedad en la que vivimos, aquellos que no son útiles para el sistema, se convierten en un peso a ser desechado. Por lo tanto, Chihiro necesitará hacerse útil si no quiere que Yubaba la desaparezca. Para sobrevivir en este extraño y peligroso mundo debe hacerse útil, debe trabajar.



Kamaji es con el segundo de los seres de este mundo con el que se encuentra. Trabaja muy duro y sin parar para satisfacer las demandas de Yubaba. No le alcanzan los bazos y las piernas para cumplir con todos los pedidos. Luego de un tiempo de insistencia Kamaji accede a contactar a nuestra heroína con Yubaba.
Yubaba es una bruja codiciosa y malvada que convierte en cerdos a quienes no le son útiles y roba los nombres de las personas para controlarlos.
Con el riesgo de corrernos de la línea de nuestro análisis, podríamos pensar esto como una crítica a la sociedad capitalista y utilitarista que exprime a aquel que le es útil y desecha o deja en los márgenes a los que no.
Como veníamos diciendo, Yubaba, ubicada allí en lo alto del edificio, es la dueña de la casa de baños. Una anciana bruja que, así como el Ego, pretende y cree tener todo bajo su control y dominio. En función de ello se transforma en una especie de pájaro y sobrevuela el lugar escaneándolo todo. A regañadientes termina dándole trabajo a la niña. Chihiro sale de su pereza habitual pero a la vez debe renunciar a sus recuerdos e incluso a su nombre ya que Yubaba se lo cambia por el de Zen.
Haku señala a Chihiro que la bruja controla a las personas robándoles el nombre. Como sujetos parlantes el peso de la palabra es muy importante en la construcción de nuestra identidad. Sin nombre propio la persona pierde identidad. En la vida cotidiana no hay brujas que nos arrebaten el nombre pero sí peligros que pueden llevarnos a olvidar nuestra esencia y perder el rumbo de nuestras vidas. En este sentido Haku le advierte que si olvida su nombre nunca podrá regresar a su casa. Queda resaltada así la importancia de recordar nuestro nombre -nuestra esencia- si es que pretendemos no perdernos en el camino y poder retornar. Esto también nos habla de la importancia de no olvidar nuestras raíces. Un hombre sin memoria, sin recuerdos e historia es como un árbol sin raíces, como una hoja a la deriva a merced del viento quien la maniobra a su antojo. Como la bruja a sus empleados.
Lin es un auxiliar de individuación que ayudará a Chihiro a insertarse en el medio laboral y colaborará en sus tareas. Le enseñará los códigos para trabajar adaptativamente. Es una mujer bien insertada, sociable y siempre dispuesta a trabajar. Un ejemplo a seguir en cuanto al rol social que la niña deberá desempeñar. Esto nos lleva a pensar que podríamos estar aquí en presencia del arquetipo de la máscara siendo ésta una función que nos permite interactuar en sociedad. Aquello que mostramos al mundo, los papeles que nos demanda el afuera, nuestra imagen pública.
En los mitos y cuentos, el enfrentamiento del Ego con la sombra se expresa por la lucha del héroe arquetípico con las fuerzas del mal. Estas últimas en general están representadas por dragones y diferentes monstruos a los que el héroe tiene que vencer. En esta película la niña tendrá diferentes desafíos que enfrentar.



El primero radica en atender a un hediondo espíritu. La niña tuvo que limpiar lo que arrastraba pesadamente hace tiempo este Dios hasta convertirlo en el resplandeciente espíritu del rio. Para ello debió recurrir a todas las armas que tenía a su alcance hasta que finalmente comenzaron a salir toda clase de cosas que habían quedado estancadas. Es que, para brillar primero hay que arremangarse y meter las manos en el fango. Porque “solamente si transito la noche, la catábasis, […] y únicamente si me permito conectarme con ella, puedo presenciar la salida del sol…” (Ejilevich Grimaldi, 2009, p. 63) En los mitos y cuentos, al lograr determinada hazaña el héroe es retribuido con una recompensa llamada objeto fin. En este caso, el espíritu le agradece regalándole una bola mágica con la que Chihiro pretende salvar a sus padres.



Chihiro de repente se encuentra con un dragón herido y enseguida reconoce en él a Haku que le había robado un sello muy especial a la herman de Yubaba. Al ver que estaba grave, decide darle un trozo de la bola mágica a Haku para salvarle la vida. Podríamos pensar que encontró en Haku a su ánimus -representación de la energía masculina en el psiquismo de una mujer- ya que, como bien dice Kamaji, allí había amor.



Alguien que viene siguiendo a Chihiro casi desde que ingresa a este mundo fantástico es una sombra negra sin cara. Un ser que tiene la capacidad de crear pepitas de oro. Todos en la casa de baños se desviven en atenciones a cambio de que este ser les de oro. El sin cara mientras más traga más aumenta de tamaño y más insaciable y descontrolado se vuelve al punto de tragarse a varios de los empleados. Chihiro -a la que habíamos descripto como una niña caprichosa y consentida - aunque le ofrece todo el oro del mundo, no se deja tentar. “No lo necesito” (Miyazaki, 2001), le responde la niña. Aún sabiendo que el último pedazo que le quedaba de la bola mágica podría salvar a sus padres decide dárselo al sin cara y este comienza a vomitar lo que se había tragado. Podríamos entender este evento como el control de los impulsos y del apetito que nunca se sacia y siempre quiere más y más. Como expresaba Lao Tse: “…el alma sabia se mantiene apartada de los extremos, del exceso, de la extravagancia” (Le Guin, 1999, p. 48).
Chihiro decide ir a devolverle el sello a Zeniba, la hermana gemela de Yubaba que, aunque idéntica físicamente, es opuesta. Los gemelos tienen que ver con un arquetipo que habla de dos seres que juntos constituyen una sola persona, dos facetas de la misma persona. Henderson plantea que unidos en el vientre materno, se los separa a la fuerza al nacer y que representan “…los dos lados de la naturaleza humana”. Dos lados antagónicos. Yubaba: dedicada al trabajo, codiciosa, extravagante, autoritaria y de un carácter algo agresivo. Zeniba: hogareña, gentil, amable, dulce y generosa. Vive en una casa sencilla pero cálida en medio del bosque. Al llegar Chihiro y sus acompañantes, la anciana los recibe con hospitalidad.
Otro arquetipo que suele aparecer en los cuentos de hadas, además del de la sombra, el héroe, el ánima y el ánimus, es el del anciano sabio y aquí por supuesto tampoco falta. El arquetipo del anciano sabio es el de aquel que nos brinda su luz en medio de la oscuridad permitiéndonos hallar el sentido. No nos va a facilitar la respuesta justa sino que va a orientarnos para que podamos plantearnos las preguntas adecuadas para dar con ella. Zeniba orienta sabiamente a Chihiro en su tarea de rescatar a sus padres y ayudar al dragón diciéndole: “nada de lo que sucede se olvida aunque tú no puedas recordarlo” (Miyazaki, 2001).


Mientras retornan montados en Haku convertido en dragón -símbolo de lo inconsciente- Chihiro recuerda quien es él. Permite de esta manera que se conecte con sí mismo, con su esencia, su ser divino, con lo que es, el espíritu de un rio en el que ella casi se había ahogado de pequeña. Y así la niña termina de liberarlo del hechizo que lo tenía bajo el influjo de la feroz hechicera.
Ya de regreso Yubaba le dice a Chihiro que si reconoce a sus padres entre un grupo de cerdos podrá irse. Ella, con el aprendizaje que adquirió a lo largo de todo su viaje, no se deja engañar y responde que sus padres no se encuentran allí logrando finalmente su cometido. Como plantea M. L. von Franz: “en algún sitio, en el mismo fondo de nuestro ser, generalmente sabemos dónde hemos de ir y qué hemos de hacer. Pero hay veces en que el payaso al que llamamos «yo» se porta de un modo tan desconcertante que la voz interior no consigue hacerse oír” (von Franz, 1984, p. 178). Felizmente la de Chihiro pudo hacerse escuchar.



Al regresar por el mismo túnel por el que ingresaron, volvemos a ver a una niña temerosa y aferrada nuevamente con fuerza a su madre. Chihiro aparentemente es la misma pero ha atravesado una gran transformación. Ha aprendido a conocerse a ella misma, ha sopesado sus fuerzas y debilidades y ha adquirido la madurez necesaria para enfrentar los cambios que se avecinan en su propio mundo.
Consciente por supuesto de que han quedado muchas cosas en el tintero considerando la gran complejidad y riqueza simbólica de esta película, y a sabiendas de que siempre será así puesto que nunca es posible decirlo todo, hasta aquí llegamos con este análisis…por ahora.

Crecer hacia abajo

Rómpete para ser entero.
Retuércete para ser recto.
Vacíate para ser pleno.
Desgástate para renovarte.
Ten poco y gana mucho.
Ten mucho y confúndete.

Así, las almas sabias se sujetan al uno
y prueban con su medida todas las cosas.

No mostrándose,
brillan.
No justificándose,
se manifiestan.
No alabándose,
se realizan.
No compitiendo,
no tienen competidor en el mundo.

Se solía decir en los viejos tiempos
aquello de «Rómpete para ser entero».
¿Estaba equivocado?
Verdaderamente, ser entero
es retornar.

Lao Tse.

Referencias bibliográficas
EJILEVICH GRIMALDI, H. (2009). Arte Terapia: Arquetipos de sanación. Buenos Aires: Autor.
JUNG, C., G., VON FRANZ, M., L., HENDERSON, J., L., JACOBI, J. Y JAFFÉ, A. (1984). El hombre y sus símbolos (4ª ed.). Barcelona: Caralt.
LE GUIN, U., K. (1999). Lao Tse, Tao te King. Madrid: Debate.
MIYAZAKI, H. (Director). (2001). El viaje de Chihiro [Película]. Japón: Studio Ghibli.

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